Representación artística de un Gigante Gaseoso, un Júpiter caliente, orbitando su estrella principal.Crédito NASA.

El anuncio del descubrimiento de un par de planetas que orbitan una estrella de 12,5 mil millones años de edad, va en contra de la sabiduría convencional de que las primeras estrellas que nacieron en el Universo no deberían poseer ningún planeta.

Hace 12.5 mil millones de años, el universo primitivo estaba empezando a fabricar los elementos más pesados, ​​más pesados que el hidrógeno y el helio, en los núcleos de las primeras estrellas. De ello se desprende que había muy poco o prácticamente ningún material para la fabricación de mundos terrestres o las semillas de los núcleos de los planetas gigantes gaseosos.

Este argumento ha sido utilizado para descartar de forma automática a los cúmulos globulares de estrellas antiguas y majestuosas que orbitan alrededor de nuestra galaxia como posibles hogares para la vida extraterrestre.

Pero la estrella que contiene los dos nuevos planetas no se encuentra en un cúmulo globular, sino que vive dentro de la Vía Láctea, aunque lo más probable es que sea una parte de un cúmulo globular que fue canibalizado por nuestra galaxia, pero es igual de pobre en materiales pesados como las existentes en los cúmulos globulares, ya que es tan vieja como las que los componen.

Este descubrimiento se ajusta perfectamente con el anuncio realizado el año pasado de que se ha encontrado carbono en una galaxia distante y antigua. Estos hallazgos sugieren por tanto que había suficientes elementos pesados ​​en el universo temprano como para formar planetas alrededor de estrellas, y por lo tanto podría haber aparecido la vida en ellos .

Sin embargo, el telescopio espacial Hubble realizo una búsqueda de planetas en estrellas del cúmulo globular 47 Tucanae en 1999 y se encontraron con las manos vacías. Los astrónomos del Hubble monitorearon 34.000 estrellas en un período de ocho días. La predicción era que una fracción de estas estrellas debería tener algún “Júpiter caliente” que giraría alrededor de su estrella durante un período de apenas unos días. Ellos podrían detectar si sus órbitas están alineadas con nuestro punto de vista desde la Tierra, por lo que el brillo de las estrellas baja de intensidad muy levemente durante cada tránsito del planeta.

Gracias a un estudio similar realizado de nuevo por el Hubble en 2006 se descubrieron, por fin, 16 candidatos a “Júpiter Calientes”. Este descubrimiento fue la prueba del concepto para descubrir planetas gracias al tránsito y ayudó a allanar el camino para el telescopio espacial Kepler cuya misión es la búsqueda de planetas.

¿Por qué no hay planetas en un cúmulo globular? Para empezar, los cúmulos globulares son las zonas más pobladas de estrellas de la Vía Láctea, como se hace evidente en la imagen de la galaxia enana M9.”Puede ser que el ambiente en un cúmulo globular fuese demasiado duro para permitir la formación de planetas”, comento Harvey Richer de la Universidad de British Columbia. ”Los discos planetarios son cosas muy frágiles y pueden ser fácilmente alterados en un entorno con una alta densidad estelar.”


Imagen del cúmulo globular M4. Crédito NASA.

Sin embargo, en 2007, el Hubble descubrió un planeta con 2,7 veces la masa de Júpiter en el interior del cúmulo globular M4. El planeta está en una órbita muy distante alrededor de un pulsar y una enana blanca. Este realmente podría ser un planeta post-apocaliptico, formándose mucho más tarde gracias a un disco de escombros que siguió tras el colapso de la estrella compañera de la enana blanca, o incluso tras la explosión en forma de supernova de la misma estrella.

El Hubble está siendo utilizado para buscar el brillo infrarrojo de los discos protoplanetarios en 47 Tucanae. Los discos serían tan débiles que se necesita la sensibilidad de infrarrojos prevista en el Telescopio Espacial James Webb para poder llevar a cabo un estudio más sólido.

Si los planetas se formaron a comienzos del mismo inicio del universo, la vida podría haber utilizado el carbono y otros elementos comunes tal y como sucedió en la Tierra miles de millones de años atrás. La vida alrededor de una estrella similar al sol, o mejor aún, una enana roja, tendría una enorme ventaja temporal sobre la evolución biológica en la Tierra. Las primeras formas de vida habrían tenido la oportunidad de evolucionar durante miles de millones de años más que nosotros.

Esto conduce inevitablemente a la especulación de que podrían existir razas de súper-alienígenas que estarían mucho más evolucionados que nosotros. Así que… ¿dónde están? Una de las conjeturas es que si existieron, habrían evolucionado hasta el punto donde abandonaron sus cuerpos de carne y hueso y transformándose en algo diferente, ya sea transfiriendo su consciencia al interior de superordenadores o convirtiéndose en algo terriblemente inimaginable.

Sin embargo, está claro que a pesar de (o debido a) su súper-inteligencia, no han hecho nada para llamar la atención sobre sí mismos. La ausencia de evidencia puede establecer un límite máximo de hasta qué punto los avances de una civilización tecnológica pueden progresar, incluso a través de miles de millones de años.

Si algún tipo de civilización se escondiese en el interior de un cúmulo globular de estrellas, entonces seria buscar una aguja en mil pajares, lo que acarrearía que el descubrimiento de algún tipo de civilización llevaría mucho tiempo, quizás tendríamos más suerte si simplemente tropezásemos con ellos.

Habrá otras búsquedas de planetas en los cúmulos globulares. Sin embargo, nuestra comprensión actual, hace que la cuestión de un Matusalén estelar, con una civilización miles de millones de años más antigua que la nuestra, sea aún más desconcertante. Si el universo creo el carbono tan temprano, entonces alguna civilización de la antigüedad debería estar por ahí, en algún lugar.

Crédito: EspacioProfundo.es