Los planetas, formados por acreción (agregación de materia a un cuerpo) de material que estaba en la nube que formó el Sol, fueron recogiendo el momento angular (la inercia de giro) que tenía cada fragmento. Por eso, la rotación de los planetas y sus órbitas en torno al Sol tienen el mismo sentido de giro, salvo los cambios que se han dado por colisiones con otros cuerpos cósmicos, como en el caso de Urano, que orbita “tumbado”, con el eje casi en el plano de la eclíptica.